LOS EVENTOS ?CISNES NEGROS? Y NUESTRAS CAPACIDADES PREDICTIVAS

Este artículo está basado en los planteamientos de Nassim Nicholas Taleb, un matemático y estadístico que trabaja en Nueva York y que ha realizado muy buenos aportes desde su actividad.

¿Ha visto alguna vez un cisne negro? Yo no he visto y ni siquiera sé si existen.

Tenemos una imagen del mundo basada en las experiencias. Pero hay cosas que nos suceden en la vida, que aunque le hayamos dado cero posibilidades previamente, cuando suceden, ejercen un gran impacto. Un ejemplo de esto es la destrucción de las Torres Gemelas, o el gran ataque que sufrió el Metro en Madrid. Seguro que si hubiésemos ido a comprar una prima contra ataques terroristas el día anterior a cuando sucedieron estos hechos, nadie nos habría atendido, porque simplemente era inconcebible, y si lo hubiese sido, no habría ocurrido.

Tenemos una historia predictiva de pésimo nivel. Nuestro cerebro es pésimo para predecir grandes sucesos. ¿Alguien se podría haber imaginado las guerras que hemos experimentado? ¿Alguien habría podido predecir el éxito de Google? Si lo hubiese hecho alguien, no me cabe duda que lo habrían acusado de loco y lo habrían metido de una en un hospital psiquiátrico. Todos estos sucesos se encuentran absolutamente fuera de nuestras predicciones.

Por otra parte, observando y acumulando información sobre el pasado, creemos saber muy bien las causas de los fenómenos. Y nos tornamos sobre explicativos de tantas cosas porque estamos convencidos que conocemos las causas en profundidad y sus efectos. Skinner, que no le apuntaba a una, tenía un experimento que era muy interesante: tenía un grupo de palomas a las que les daba de comer en forma completamente aleatoria. Si la paloma estaba parada en una pata cuando se le daba el alimento, entonces desarrollaba el hábito de pararse en una pata para alimentarse. O sea, la conclusión “experta” fue que la paloma “pensaba” (o se condicionó) que la comida venía por el hecho de estar alzada en una pata. Esta conclusión, realmente para la risa, revela cómo tendemos al exceso de la causalidad, es decir, tendemos a ver patrones “ocultos”, a ver las causas después del hecho. Y esto nos lleva a creer (qué inocencia) que somos “muy buenos” haciendo predicciones.

Las predicciones se realizan para aportar certeza, para reducir riesgos. Claro que también están las predicciones del horóscopo y otras cosas por el estilo, pero eso no es materia de este artículo. Nos interesa hablar de la predicción de lo impredecible, y el cálculo de la probabilidad de riesgo de esos eventos. Paradojal.

¿Qué métodos poseemos para evitar riesgos? No muchos. Es claro que cuando paso por un lugar donde hay asaltos con frecuencia, reduzco el riesgo evitando pasar por allí. Así, voy construyendo un mecanismo que me permite predecir los riesgos que se repiten. En otras palabras, aprendo a evitar las causas repetitivas para no tropezar con sus efectos. Pero ¿todos los riesgos son de este tipo? Claramente no. Existen eventos que ocurren de forma totalmente impredecible. Incluso, en el caso de las Torres Gemelas, que el evento fuera inimaginable, inconcebible, era precisamente una condición.

¿Cómo podemos hacer frente a estos “cisnes negros”? Según los especialistas, frente a este tipo de hechos, la evolución aún no nos provee de mecanismos adaptativos como lo son las emociones básicas (miedo, alegría, ira, asco, etc.) para facilitar mecanismos que faciliten ciertas conductas. El factor sorpresa es la clave y, al igual que los espejos de los salones de entretenimiento que distorsionan nuestra figura, las explicaciones de estos hechos también pueden ser igualmente distorsionadas, y de hecho, en la mayoría de los casos lo son.

La mecánica cuántica contiene el principio de incertidumbre de Heisenberg. Este dice que el acto mismo de observar cambia lo que se está observando. Se puede medir el impulso de una partícula subatómica en forma exacta, pero no su posición exacta a la vez. O la una o la otra, pero si se intenta medir las dos simultáneamente, el resultado arroja importantes imprecisiones. Al final, sólo podemos conocer una distribución de probabilidad de esos cálculos, y, el producto de las incertidumbres en los cálculos, desgraciadamente no es reductible a cero como en la clásica mecánica de Newton. La física cuántica nos pone de relieve las limitaciones de nuestras posibilidades de observación. Y más aún, confirma que el caos y la incertidumbre son parte del proceso adaptativo que vivimos evolutivamente.

Los sucesos aleatorios tienen sus propias reglas, que no nos sirven para explicar específicamente un hecho del modo que explicamos los que se repiten. Pero hay algo peor –según Taleb-. No aprendemos la lección de las diferentes reglas y tampoco aprendemos que no aprendemos.

Vivimos en un entorno cada vez más basado en la información. Esto influye en el aumento constante de los eventos del tipo Torres Gemelas o, como lo llama el matemático Nassim Taleb, los eventos del tipo “cisne negro”. Estamos acostumbrados a ver cisnes blancos y si encontramos uno negro, ¡oh, sorpresa!. Así, el éxito insospechado de Harry Potter es un evento tipo cisne negro, por ejemplo. Pero nuestras intuiciones y nuestros mecanismos internos –en opinión de Taleb- no se han adaptado a estos conceptos abstractos. Seguimos viviendo con los instintos de hace 100 millones de años. Vivimos con una aleatoriedad de la que no podemos aprender. Leer y entender el significado de las estadísticas –dice Taleb- deberían servirnos para caminar por este mundo. Sin duda que el último paso, entender las estadísticas, es el más difícil de todos.

Emocionalmente estamos preparados para aprender a partir de sucesos repetitivos. Es decir, que si en aquella calle hubo un asalto ayer, entonces es muy probable que hoy también ocurra. Pero, los “cisnes negros” –metáfora que utiliza Taleb para denominar eventos inimaginables e inesperados- no son sucesos que se repitan. Esto significa que, si tomáramos todas las medidas para que el ataque a las Torres Gemelas no se repita, nos equivocaríamos, porque estos sucesos no se repiten dos veces. Esto es lo que ocurre cuando hay un best seller. Muchos comienzan a imitar al libro que se convirtió en best seller, pero resulta que para ser best seller hay que haber salido primero al mercado. También ocurre con los sociólogos, los filósofos, antropólogos, psicólogos, etc. Hubo un enfoque exitoso y luego comienzan a repetirse, con variaciones, pero no logran obtener el éxito del original. De aquí que emerge el concepto de “reinventarse”, dado que no logran convertirse en otro “best seller”. Por eso se dice que si uno intenta hacerse millonario imitando a otro que lo haya logrado, es el modo más veloz de hacerse pobre.

No estamos hechos para comprender –dice Taleb-. Es casi insolente e insultante esta afirmación, pero la maquinita de la causalidad que usa el cerebro no está hecha para comprender. Esto significa que no es posible enseñar, y que lo que aprendemos, lo aprendemos por nosotros mismos. En cuanto nos han terminado de enseñar, salimos a la calle y se nos olvida. Nos concentramos en nuestras propias experiencias. Cuando calculamos los riesgos y las posibilidades de los sucesos, sólo consideramos nuestras propias experiencias. Taleb postula que esto es una mala heurística. La heurística o representación mental que tenemos en el cerebro está dictada principalmente por cosas que no tienen nada que ver con la realidad. Por ejemplo, la enfermedad de las vacas locas. Se les preguntó a los europeos cuál era la probabilidad de que las vacas contrajeran la enfermedad y que eso les afectara a ellos, y respondieron que era muy alta. Pero se olvidaron de que el riesgo de que sufrieran un atropello al cruzar la calle era muchísimo más alto, o que se murieran por salmonella o que se atragantaran con algo y se asfixiaran.

Si comparamos las estadísticas de las personas que fallecieron por enfermedad de las vacas locas con las que murieron por accidente de tráfico no hay comparación: 500.000 frente a 500 en un mismo período. O sea que, el efecto de las Torres Gemelas es mucho mayor que la información confiable y conocida. Miles de personas dejaron de volar y se trasladaron a la conducción por tierra. Hubo una recesión en el mercado aéreo y un incremento en el tráfico rodado, y, resulta que cada vez que se conduce por tierra el riesgo es mucho mayor que el que se tiene al volar. De hecho, está demostrado que el incremento del riesgo al conducir es lineal por cada kilómetro avanzado, mientras que el riesgo de volar se mantiene fijo. De acuerdo con esto –en opinión de Taleb- habría que “cargar” a la cuenta de los autores del atentado a las Torres Gemelas también los miles de muertos por accidentes de tráfico terrestre derivado del incremento en dicho tráfico.

La falacia del jugador es muy frecuente. La probabilidad y la estadística nos engañan con frecuencia. Hay muchos trabajos e investigaciones acerca de la conducta humana bajo situaciones de incertidumbre que lo demuestran. Muchas veces utilizamos métodos que nos llevan a decisiones erróneas. Tendemos a sobrestimar las frecuencias de las coincidencias. Hay datos de que el 63 por ciento de las estadísticas se improvisan sobre la marcha. Sería bueno que desarrolláramos una mirada más crítica de las estadísticas. He agregado un experimento para reconocer mejor la falacia del jugador. Véanlo antes de continuar.

 

 


 

 

En un estudio de psicología se hicieron dos preguntas: La primera era ¿cuál es la probabilidad de que en EEUU suceda una calamidad que mate a 10.000 personas? y la siguiente pregunta fue ¿cuál es la probabilidad de que suceda una calamidad en EEUU, que mate a 10.000 personas debido a un terremoto en California que cause una inundación? Está claro que la segunda parte está incluida en la primera y, sin embargo, la gente se inclinó por la segunda, ya que se imaginaron la escena, la visualizaron y la creyeron más probable. La televisión es experta en crearnos imágenes mentales. El presupuesto en EEUU para el Sida es un 40% mayor que para el Cáncer, y si le preguntamos a la gente cuántos se mueren de Sida y cuántos de Cáncer, dado que la televisión habla más de Sida que de Cáncer, la gente no tiene idea de que la proporción es de 1 a 30, incluso hasta de 1 a 60 dependiendo del año.

Tenemos en nuestra heurística el no tomar en serio lo abstracto y/o que no se puede aplicar en nuestra propia vida. Un ejemplo: si vamos en un auto y nos encontramos con una persona herida, nos bajamos, la llevamos a un hospital, aunque tengamos que mandar a limpiar la sangre que quede en el tapiz. Pero si nos piden el mismo dinero que gastaríamos en la limpieza del tapiz para auxiliar a personas que se mueren de hambre en África, no damos ese dinero. Esto es porque el segundo caso es abstracto, se trata de entregar dinero a cambio de un recibo; no nos toca ni lo visualizamos, aunque desde el mismo punto de vista abstracto son lo mismo. Predomina la visualización, la imagen viva, directa.

No importa cuánta estadística se haya desarrollado. Cuando se trata del mundo real, los módulos cognitivos del cerebro racional, vale decir, aquella parte del cerebro que piensa, se olvida de todo lo que sabe de estadística y se convierte en un cerebro en acción, salvo que se le formule el problema de una manera textual. Cuando a las personas se les plantean problemas serios, los solucionan bien, pero si se les plantea de un modo diferente a la que se ha aprendido, no lo solucionarán bien.

Vivimos en una confusión respecto a determinar de un modo correcto qué es arriesgado y qué no lo es. Algo similar sucede con la felicidad. Prácticamente todos los estudios acerca de la felicidad muestran que las personas no se sienten más felices con la riqueza monetaria. Ya hay mucha evidencia en Europa y EEUU con estudios que toman datos de los últimos 50 o 30 años. El dinero lo único que logra es reducir la ansiedad momentáneamente. Y el confort físico tampoco hace la felicidad. De hecho, se han realizado muchos experimentos comparando a ganadores de lotería con parapléjicos, y no hay tanta diferencia. Los parapléjicos expresan que lo mejor que les podría pasar es ganar la lotería y lo peor, es ser parapléjico. Todos los estudios demuestran que no existen diferencias significativas.

¿Por qué nos sentimos mal? Las medicinas nos ayudan a vivir mejor, es cierto, pero se trata de subproductos. Es posible que no nos haga más felices escuchar a alguien por la televisión que oírlo hablar en persona. La verdad es que no comprendemos qué es lo que nos hace ser felices. Lo que sí entendemos cada vez más, y la ciencia nos está aportando resultados muy buenos sobre esto, es que nos gusta y nos hace sentirnos felices tener un trabajo que nos guste y, no tiene ninguna relación con ganar la lotería. Igualmente somos felices cuando queremos a otros, cuando tenemos compasión por los otros y nos alejamos de nosotros mismos (compasión en un sentido budista, es decir empático, no lastimero). Esto parece una ironía, pero sucede que el no pensar en nosotros mismos nos hace más felices que estar centrados en nuestro yo. Este calor humano derivado de la interacción con nuestros amigos es algo relevante, mientras que tener mucho dinero no nos hace necesariamente felices e incluso puede ocasionarnos infelicidad y angustia.

¿Conoce usted el efecto noria? Hay muchas cosas en la vida sobre las que se crea un hábito. Si por ejemplo, vivimos en una casa de 50 metros cuadrados y aspiramos a una de 200 metros cuadrados, al cabo de un tiempo estará llena y, paradójicamente llegaremos al mismo nivel que teníamos cuando vivíamos en la de 50 metros cuadrados. Es una noria; es como estar siempre corriendo para quedarnos en el mismo lugar. ¿Cuánto necesita para iniciar un negocio? ¿Un millón de dólares? Tome, aquí los tiene. Ahora pregúntese si acaso no necesitará tres millones adicionales. Y si los llega a obtener, pregúntese si acaso no irá al banco a pedir otros cinco millones. Las cosas que muestran el efecto noria son: el poder, la riqueza, el status, el prestigio, y una serie de otras cosas que no proveen de felicidad. Sin embargo, curiosamente, corremos tras ellas.

Alguno podrá argüir que un empresario apuesta por su negocio, y que si no fuera por eso, podría no llegar a donde llegó. Se trataría pues de un “cisne negro”. Pero también se nos olvidan cuántos quedaron en el camino. Hace un tiempo atrás leía que más de 4.000 empresas quiebran diariamente en los EEUU, lo que nos aporta un dato extraordinario de la relación éxito-fracasos. Podemos aceptar que la conducta frente al riesgo es diferente entre distintas personas, pero en general, arriesgados o no, calculamos muy mal las probabilidades, aparte de calcular distinto las probabilidades positivas que las negativas. Esto es porque calculamos lo que existe, es decir, contabilizamos todo aquello que se produce repetidamente y no lo que no se produce en forma frecuente.

Por otra parte no hay que dejar de lado la llamada “ilusión de control”, esa idea y sensación de que tenemos que controlarlo todo y que nos hace creer que existe una correlación mucho más alta entre nuestros actos y los resultados del entorno. Hay algunos experimentos con grupos de depresivos y no depresivos que muestran que los depresivos ven perfectamente la realidad, mientras que los no depresivos tienden a arriesgar mucho más, creen que ganan más de lo que realmente ganan y están convencidos que lo hacen muy bien.

De hecho, el mismo cálculo de probabilidades no es más que un intento de controlar lo incontrolable, hasta donde se puede controlar, claro está. Constituye el camino entre la imposibilidad total y la certeza. De todos modos, me hace sentido pensar que no podemos pretender que nuestras conductas sean racionales en todos los momentos de nuestra vida.

Taleb dice que sólo los charlatanes pueden ofrecer soluciones y consejos y, que lo único que podemos hacer es darnos cuenta que creemos que sabemos. Si hubiese un consejo útil, éste sería el de evitar los medios, las noticias. ¿Por qué? Porque la representación mental del mundo que se obtiene de las noticias –señala Taleb- está completamente distorsionada, puesto que no tienen nada que ver con lo que tenemos que hacer. Porque no tienen relación alguna con las fuentes de riesgo. El mayor enemigo son las noticias porque presentan casualidades. El otro problema con los medios –continúa Taleb- es que se creen prácticos porque nos ofrecen hechos, pero en realidad lo que ofrecen son pequeñas teorías enlazadas entre ellas por las causas. Por ejemplo, cuando mostraron por televisión la captura de Saddam Hussein, esa mañana se dijo en los medios que la Bolsa de Valores había subido por esa causa. Y sucede que esa misma tarde, la Bolsa bajó. Lo más divertido fue que los mismos medios volvieron a decir que la Bolsa había caído porque habían capturado a Saddam. Si la misma causa puede causar dos efectos opuestos, entonces obviamente no es la causa. Así que recomendación: apague la TV, o, en su defecto, manténgala prendida, pero sin sonido. J.

Nos dicen que para llegar a ser millonario hay que trabajar muy duro y arriesgarse. Taleb dice que este es un interesante ejemplo de charlatanismo. El mundo de las finanzas es el mejor lugar donde encontrar charlatanes, y en particular muchos asesores financieros. Nos aconsejan tomando ejemplos de gente que se ha hecho rica y nos cuentan la heurística que habrían utilizado, y, por cierto, que hay que imitar. Pero en realidad no es posible examinar los casos de gente que se ha enriquecido basándonos en sólo los atributos de los que ganan sin considerar a los que pierden, para poder así observar si estos atributos son compartidos por ambos. En un estudio de 2.000 millonarios se examinó qué es lo que tenían en común, y la conclusión fue que trabajaban mucho y que tomaban riesgos. Esto querría decir entonces que si trabajamos duro y tomamos riesgos ¿seremos millonarios?. Porque si observamos a muchas empresas que han quebrado, también ellos tienen los mismos atributos: trabajaron duro y tomaron riesgos. El problema que omite el asesor financiero que nos aconseja es que se está considerando sólo a los ricos, es decir, está mostrando los resultados de los supervivientes. Esto, sin considerar que el éxito o el fracaso que obtenga por resultado alguien, depende de una conjunción de variables que no son posibles de integrar en un modelo para el éxito.

En general, explicamos muy mal el pasado y predecimos muy mal el futuro, salvo si se trata de cuestiones cotidianas, rutinarias, a las cuales ya estamos habituados. Pero cuando se trata de predecir “cisnes negros”, la mente humana aún no está preparada para procesar este tipo de eventos. Lo lamentable es que hay cada día más “cisnes negros”, es decir eventos que no esperamos ni los imaginamos. El problema que plantea este tipo de eventos es que no son evitables, como sería el caso de la calle en la cual sabemos que asaltan.

 

 

 

 

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quiero saber sobre el cisne coscobora

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           Pero no con Taleb  en lo referido a la bolsa, debido a que la mayoría los acontecimientos y fenómenos naturales que afectan la bolsa, son conocidos por quienes dirigen la economía mundial. Normalmente con anticipación y control.

 

          Los ruidos, señales, filtros  y estereotipos de comunicaciones, son acciones tácticas que apoyan y dan recursos a  estrategias  de la mundialización económica. No de la globalización, ese término ya quedó obsoleto en esas disciplinas.

 

          Comparto si, lo que dices con respecto a los “ cisnes negros”, será difícil descubrir con anticipación cada uno de eso acontecimientos, aunque exista una alerta temprana. Sin embargo por medio de la Red Echelon y otras , se logra conseguir mucha información, que al ser procesada, logra entregar información útil relevante y sorprendente.

 

          He participado en varios seminarios de Inteligencia, donde importantes exponentes , europeos, americanos  y nacionales, han demostrado informaciones muy interesantes, de cómo se ha estado operando mundialmente en la noosfera y cuales han sido las consecuencias, al no saber administrar ese tipo de información y de la decisión inoportuna  de parte del decisor. Por otra parte existiendo el tiempo y el espacio, para reaccionar , normalmente ocurre un error humano ,que retarda el empleo oportuno. Dando a entender que por sincronicidad , dos eventos se ejecutaron simultáneamente y que uno superó en tiempo o espacio al otro,  según sea inteligente que así ocurra. En el fondo creando otra vez un nuevo evento, para justificar la desinteligencia o la falta de reacción , que se tenía prevista para cuando ocurriera.

           Por lo que existen muchos cisnes de negros, que son producidos y que por su gran despliegue de medios operativos, para que ellos ocurran, van dejando muestras y emiten señales, las cuales son capturadas y procesadas oportunamente. Hoy existe mucha tecnología para su captura, sin embargo el interés geopolítico , económico , religioso y militar, en la mayoría de los casos para que este “cisne negro” ocurra, impide sean evitados, neutralizados o eliminados. Pero si son advertidos.

           Mi interés en este caso no es polemizar, sólo deseo agregar una oponión distinta, para que los lectores tengan otro antecedente, para opinar..

 Suerte....atte  Julio

          

 

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 Un excelente artículo, pero yo difiero de algunos puntos específicos.

 Lo primero,  pareciera que el estado permanente que se rige el mundo occidental, especialmente en los últimos 280 años, con esa   rigidez mecanicista de reloj  Newtoniana, ha permitido una mentalidad mecanicista  en esta humanidad. Nos hemos acostumbrado – pareciera – a observar con exactitud matemática los acontecimientos. Yo no sé si antes de Newton era igual.

       ¿ Si en 1915[   Albert Einstein, presentó la Teoría General de la Relatividad, en la que reformuló por completo el concepto de gravedad.?  Una de las consecuencias fue el surgimiento del estudio científico del origen y evolución del Universo por la rama de la física denominada cosmología.

 

Me pregunto ¿cual será la razón por la cual no vivimos en un estado mas real e incorporamos el mundo paralelo, que de esta teoría se deriva?.

 

       Con respecto a los “cisnes negros”,  a mi entender existen formas científicas para lograr predecir su aparición u ocurrencia, lo que no logramos aún conocer ,es el momento exacto de ello.

 

Lo que pareciera que no existe, una relación espacio-tiempo. Seguramente a que nos mantenemos inmersos en la mecánica Newtoniana y no manejamos o no estamos acostumbrados a vivir concientes que existe  un mundo paralelo en nuestra vida.

       A mi entender con el principio de incertidumbre de Heisenberg, logramos mucha información, para evitar el riesgo, ya que podremos saber que ocurrirá un evento, pero no sabemos en que instante. Esto tal como se señala en el artículo original, nos hará evitar pasar, por la calle donde se cometen asaltos.

       Lo que pasó el 11s, era conocido con anterioridad. Los OS, tenían mucha información al respecto, incluso hoy se cuestiona, al punto de desconfiar de las causas. Lo que no se sabía, ¿cuando iba a ocurrir?- sin embargo muchos supieron-. (Sólo me refiero a este caso en particular)

      Comparto lo citado en el artículo de la existencia de charlatanes, la verdad que ese es su negocio. Pero también puedo aportar que existen disciplinas muy exactas que se están estudiando, que permiten adelantarse a escenarios futuros, con un factor de error muy aceptable. La inteligencia económica es una herramienta muy potente, que engloba una serie de matrices de análisis, hoy tiene métodos científicos probados que permiten una certeza muy aceptable. En mi caso tengo experiencia en este campo, es más este año debo terminar mi magister, al cual le he incorporaré mis fortalezas naturales y espirituales, para añadir valor a los resultados logrados en el procesamiento que fluye en el ciberespacio.

       Hoy el manejo de las estadísticas informáticas y  robots de búsquedas de informaciones profesionales, otorgan muchas capacidades a los analistas. Además si estos cuentan con fortalezas espirituales, experiencias y talentos naturales, logran profesionalmente certezas hasta un 90%.

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