BAUMAN: ¿UN APORTE O UN REPORTE?

Me llegó un documento de Zygmunt Bauman, un sociólogo polaco reconocido por su antimodernismo y antipostmodernismo, términos a los cuales yo tampoco adhiero porque no entiendo la historia clasificada y categorizada sino únicamente para los fines de examinar y describir los grandes cambios que suceden en el planeta, cuando alguien está cumpliendo el oficio de enseñar y divulgar historia. Desde mi perspectiva, ignorante tal vez, cada “cambio” lleva ya en su seno el próximo y la historia es un continuo de cambios permanentes; algunos más visibles y otros actuando bajo el lago tranquilo que aparenta ser.

Una de las cosas que más me preocupan cuando estamos en el ámbito de las "ciencias" sociales es que, no nos apresuremos cuando aparece una nueva "teoría". Recuerdo que cuando me interesó la física cuántica, una de las cosas que hice antes fue meterme a las clases de física que ofrecía la U. de Pensilvannia. Me tuve que aprender muchos conceptos, pero cuando llegaron a la mecánica cuántica, me sentí tranquilo porque ya podía medio navegar por esas aguas. ¿Por qué hice esto? Porque aparecieron varios psicólogos hablando de los aportes de la física cuántica a la explicación de fenómenos interpersonales. Más tarde tuve la oportunidad de ver la película What the bleep do we know, que trata el tema. Los que hayan leido mi blog antes podrán haber visto que he puesto fragmentos de esa película-documental. Pero antes, me aseguré de verificar con físicos y con mis propios aprendizajes que todo lo que estuviera allí tuviese un fundamento científico y experimental. Puedo decir con tranquilidad, que sigo explorando la cuántica, sigo planteando preguntas acerca de lo que opinan físicos sobre la película y, hasta aquí, ninguno ha podido darme respuestas serias, satisfactorias. Es más, nadie ha podido refutar lo que allí se explica. Eso, hasta aquí me deja tranquilo y por eso lo divulgo. No es mi deseo ponerme de ejemplo. Sólo quiero resaltar que, en estos tiempos de "vida líquida", como lo postula Bauman, es muy importante reflexionar, darle vueltas, cuestionar en un sentido crítico serio lo que se nos plantee, porque día a día nos inunda una gran cantidad de escritos que aparentan reflexión profunda acerca de la realidad y, después de darle vueltas, comienzan a aparecer agujeros y terminan siendo inútiles para resolver problemas que se nos presentan en la vida cotidiana. Por supuesto, mi propio artículo puede ser uno de ellos, aunque lo he escrito pensando bastante sobre lo que expreso.

Ahora bien, Bauman utiliza los conceptos físicos de fluidez o liquidez como metáfora para aprehender la naturaleza de la “fase” actual de la historia de la modernidad. Todo aquello que persiste en el tiempo, que es indiferente a su paso e inmune a su fluir debe ser comparado con los “sólidos”, que deben derretirse para dar paso a un espíritu que emancipe la realidad. Quien desee adherir a ese proyecto debe, inexorablemente, profanar lo sagrado, es decir, desautorizar y negar el pasado, y especialmente la tradición, esa gruesa armadura que se forja por medio de la construcción de lealtades y convicciones que constituyen el gran muro protector del sistema ante la “licuefacción”.

Bueno, para hacer una apretada síntesis, Bauman describe la evolución del modernismo y postmodernismo como un proceso de búsqueda de un nuevo orden, pero que a la vez se encuentra entrampado en su propia licuefacción, lo que, en la práctica impediría que emergiera un nuevo orden “sólido” y durable. Tal sería el proceso de descomposición que hoy estaríamos acudiendo a una reorganización de los poderes de disolución (o de licuefacción) y la vieja estratificación ya está fuera del campo de batalla. La libertad ganada a través de esta reasignación de la distribución poder no sería más que para buscar los nichos del nuevo orden, para reubicarse y actuar de acuerdo con las reglas asociadas a ese nicho en particular.

El problema –continúa Bauman- es que tanto los nichos como los códigos hoy en día ya no ofrecerían la estabilidad ni la duración (solidez) que proveían antes. Si es que quedan algunos, éstos son cada vez más escasos. Hoy en día –según Bauman- las pautas ya no están determinadas y tampoco resultan autoevidentes. Textualmente Bauman dice hay demasiadas, chocan entre sí y sus mandatos se contradicen, de manera que cada una de esas pautas y configuraciones ha sido despojada de su poder coercitivo o estimulante. Y, además, su naturaleza ha cambiado, por lo cual han sido reclasificadas en consecuencia: como ítem del inventario de tareas individuales.

En vez de preceder a la política de vida y de encuadrar su curso futuro, deben seguirla (derivar de ella), y reformarse y remoldearse según los cambios y giros que esa política de vida experimente. El poder de licuefacción se ha desplazado del “sistema” a la “sociedad”, de la “política” a las “políticas de vida”… o ha descendido del “macronivel” al “micronivel” de la cohabitación social.

Como resultado, la nuestra es una versión privatizada de la modernidad, en la que el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen primordialmente sobre los hombros del individuo. La licuefacción debe aplicarse ahora a las pautas de dependencia e interacción, porque les ha tocado el turno. Esas pautas son maleables hasta un punto jamás experimentado ni imaginado por las generaciones anteriores, ya que, como todos los fluidos, no conservan mucho tiempo su forma. Darles forma es más fácil que mantenerlas en forma. Los sólidos son moldeados una sola vez. Mantener la forma de los fluidos requiere muchísima atención, vigilancia constante y un esfuerzo perpetuo… e incluso en ese caso el éxito no es, ni mucho menos, previsible.

Sería imprudente negar o menospreciar el profundo cambio que el advenimiento de la “modernidad fluida” ha impuesto a la condición humana. El hecho de que la estructura sistémica se haya vuelto remota e inalcanzable, combinado con el estado fluido y desestructurado del encuadre de la política de vida, ha cambiado la condición humana de modo radical y exige repensar los viejos conceptos que solían enmarcar su discurso narrativo. Como zombis, esos conceptos están hoy vivos y muertos al mismo tiempo. La pregunta es si su resurrección –aun en una nueva forma o encarnación– es factible; o, si no lo es, cómo disponer para ellos un funeral y una sepultura decentes.”

En la síntesis, Bauman plantea que nuestra realidad es tan líquida y a la vez tan instantánea, que incluso el modelo de panópticos utilizado como metáfora por Focault ya dejó de existir. La mutua dependencia entre supervisores y supervisados ya no le sirve al poder, ya que eso les resta libertad a quienes lo administran, aparte otros problemas administrativos y de gestión.

Ahora bien, se considera en muchos aspectos que Bauman propone una mirada innovadora con los conceptos que van desde lo sólido a lo líquido, desde lo maquínico a lo virtual, desde lo fijo a lo flexible, de lo necesario a lo contingente y de lo único a lo plural. En otras palabras, aparecen las identidades inciertas.

¿Qué nos queda después de lo que señala Bauman?

Aparte lo exótico de la visión de Bauman, y que, se me ocurre que bajo la línea de Bauman tal vez la próxima “fase” sea la “gaseosa” se me plantearon varias preguntas.

La primera y más simple es: ¿Qué hay de las, al menos las once o catorce dimensiones que ya han descubierto los físicos?. Porque hasta aquí, harto que nos ha costado admitir al tiempo como la cuarta dimensión. Y me pregunto por esto debido a que la conciencia funciona con ellas. ¿La linealidad y bidimensionalidad que se encuentra implícita en el examen de Bauman no considera los “saltos” que la realidad muestra? Hay una especie de apego que me parece ilusorio, puesto que la durabilidad de los fenómenos sociales es cuestión de perspectiva. Si llegamos a estar de acuerdo con Bauman ¿Cuánto durará esta licuefacción? ¿Y cuánto realmente duró la premodernidad, y la modernidad? Esto significa que se trata de un análisis muy transitorio, que por lo mismo, más que infundirme pesimismo y llevarme a la interpretación de un derrumbe de valores, más bien me habla de la antesala de algún otro fenómeno que se encuentra subyaciendo y que, como el actual, experimentará derrumbes y ascensos, valores y anti-valores, justicias e injusticias, como toda la vida planetaria. Tenemos una vida físicamente tan limitada que queremos trascender más allá de la misma. Bauman, con buenas intenciones, nos quiere alertar de los peligros de esta vida líquida; pero no se da cuenta que la vida, mirada en una perspectiva histórica cronológicamente extensa ha sido de la liquidez de la liquidez de la liquidez.

La segunda pregunta que me salta es: ¿Acaso estamos viviendo un modelo de universo con un lenguaje extraño, incoherente y una evolución de la cual no nos sentimos parte? Para mí, somos los que sabemos. Y nacemos, alcanzamos un apogeo, iniciamos nuestro declive y desaparecemos. Y otros nos reemplazan. Más frecuente que infrecuente, el declive y la desaparición se generan a través del contacto e interacción con culturas más dinámicas, que aportan nuevas ideas u observaciones que ya no encajan con el antiguo orden. En esa dirección, lo que postula Bauman, en el estilo que lo postula y por la actitud con que lo transmite, a pesar de ser innovadora su propia mirada, acusa un nostálgico apego a la tradición y la propone como más aportadora de sentido para el ser humano que la actual vida peyorativamente “líquida”. A mí, la vida tal como se me presenta, me hace mucho sentido, aunque no esté de acuerdo con algunos fenómenos que ocurren, pero que constituyen parte de la misma vida y, los sin sentido constituyen hechos movilizadores, motivadores de soluciones y búsquedas. De tal modo que, siento que la sociedad se mueve muy coherente con los tiempos que vive. ¿Que el poder se disuelve y se reasigna? Pero ¿cuándo no? En toda la evolución humana ha estado siendo de este modo, si no, ¿cómo se explican las propias "fases" de las que habla Bauman?. ¿Que ahora todo recae en el individuo en vez de las instituciones? Pero si las instituciones no han sido más que individuos que poseen poder y lo imponen a través de estructuras. ¿Y qué hay de la desestructuración? Pero si la sociedad se estructura y se reestructura permanentemente. Esta es una etapa en que las estructuras son tan claras que es cuestión de observar las nuevas superestructuras de poder derivada de las alianzas entre conglomerados productivo-financieros y los gobiernos y comunidades de gobiernos. ¿O la comunidad europea no es una super estructura? ¿Y la de los siete? ¿Y la de Microsoft en el mundo informático? ¿Y la de Google en Internet? ¿Y la de los países productores de petróleo? ¿Y la de la comunidad "cientíifica" que se alía con gobiernos y conglomerados para continuar con esto del calentamiento global en desmedro de los países pobres? En fin, si de estructuras queremos hablar, uuuf, hay mucho paño que cortar por bastante tiempo más.

Por otra parte, siento que postula una tremenda desconfianza en la capacidad para intervenir en el devenir de las cosas. Tal vez la intención de Bauman puede ser inversa, vale decir, describirnos un universo para que podamos intervenir en él; pero no se advierte así de buenas a primeras, y tal vez, leyendo sus entrevistas, conociendo sus conferencias pueda leerse entre líneas (vale decir inteligenciando su discurso) esta actitud. Nuestra suerte nunca está sellada en la mayoría de los actos de nuestra vida, como tampoco somos ni funcionamos como autómatas ignorados. A cada momento, vivimos la experiencia de la interacción de nuestro pasado con el presente y somos libres de construir el futuro.

La tercera interrogante que me salta es: ¿No les parece a ustedes que esta sociedad del consumo (aprovechando el lenguaje de Bauman) ha aportado una “multitud” de modelos teóricos autorreferentes? Hay una infinidad de teorías que la examinan, la diseccionan, la diagnostican, la califican y finalmente la rotulan con alguna fórmula magistral. Cada vez es más frecuente asistir al lanzamiento de algún sociólogo, filósofo, cientista político u otro, muy “cléver”, crítico o no, que termina por convertirse en best seller en las librerías con algún nuevo eslogan donde se pautea una vez más la sociedad de consumo del momento. ¿Algunos nombres? Desde la “ene” ola de Toffler, pasando por la ética de Galbraith, la crítica de MacLuhan hasta, por supuesto el que nos convoca, Bauman. Al final, después de haber leído a todos, no veo diferencias de método; en todos es el mismo especulativo. En todos leo como si me estuviera mirando en un espejo, sólo que el que me lo dice le otorga un rango “histórico” y, perdonen mi ironía, también “histriórico”. Así, una vez leída las obras, a través de nuestro héroe obtenemos una categoría y una identidad que no somos capaces de dárnosla nosotros mismos.

Una cuarta pregunta es: ¿No es acaso esta sociedad de consumo la más significante de todas? Sí, ya sé, otras sociedades anteriores también han sido significantes, pero esta, ésta es la que mayor cantidad de signos aporta diariamente: que el IPC, que la UF, que la Bolsa, que el resultado de la Champion Ligue, que el índice de vulnerabilidad, que el indicador de pobreza, que la curva de Lorenz, que el PNB, y así, millones de signos nos invaden y se crean por doquier. De este modo, si un profesional está atento a los signos, es bastante más simple apuntarle a la caracterización de esta sociedad. Esa es una de las gracias de Bauman, y en ello estriba su originalidad: nadie hasta aquí había bautizado de líquido lo líquido. También aporta su extraterritorialidad, ya que emigrante y nunca cómodo en ningún lugar, le da la condición de “externo”, de “objetivo”, de observador perfecto. Pero, perdónenme, ¿no es la misma idea de Paul Virilio que nos hablaba de la velocidad en vez de la liquidez?

No más preguntas.

Recuerdo a los estructuralistas con sus “sociedades frías y sociedades calientes”. Recuerdo a Vattimo con el “pensamiento fuerte y el pensamiento débil”, y así sucesivamente. Lynch plantea que el estudio que hacen sociólogos y filósofos acerca de la forma actual de la sociedad, la de «consumo», cayó en el cliché, en la elaboración de eslóganes fáciles que reverberan mucho, pero no tienen fondo, así que finalmente son pocos los que piensan profundamente, y sí muchos los que elaboran sus teorías con la mitad de sus energías concentradas en las cifras de ventas y la otra mitad en convencer a la sociedad de su realidad consumista. Me hace sentido su crítica.

Occidente, hace muchos siglos que constituye una civilización de la acción, de la acción sobre la historia humana a través de la política, de la acción sobre el mundo a través del conocimiento de las leyes de la naturaleza, con la seguridad de poder transformarlo y adaptarlo a las necesidades del hombre. Sin duda que esto implica apego, implica poder, implica contradicciones. Al final, pareciera que lo que realmente está importando, y bastante antes de la premodernidad, es que no es posible transformar trascendentalmente el mundo y plantearse ninguna fórmula duradera en tanto en cuanto no ataquemos nuestra propia transformación interior. Y no estoy hablando de metafísica, ni de esoterismo, ni de exoterismo. Hablo de la interdependencia que nos muestra la física cuántica hace un buen tiempo ya.

La sociedad de consumo no es más ni menos que la transformación de una sociedad anterior, una transformación cuya creencia era que a través de lo que hoy vivimos, se atenuaría, o se eliminaría el sufrimiento humano, y las injusticias desaparecerían. Tal ilusoriedad ha venido acompañándonos desde que el hombre es hombre. Claramente no es el camino, pero qué diablos, la sociedad camina como camina hasta que encuentre otras fórmulas que le permitan saltar desde el terreno de la lucha de los contrarios a otro estadio.

Me hubiese gustado más un Bauman que me haga más consciente del significado de la “modernidad” dentro del contexto explotador del propio capitalismo. Que me hubiese dado más herramientas de reflexión para, considerando la liquidez de esta consumista sociedad, me provea de una mayor profundidad y no me tienda a adormecer con el fatalismo de la vida líquida. Si llevo todo esto a un plano doméstico, vuelvo a preguntarme, por ejemplo, si el Metro es una modernidad o es un adelanto técnico que lo único que hace es mejorar la eficiencia de la explotación al trasladar en un contenedor más rápido a los trabajadores. Pareciera que se trata de un gran progreso, pero que resuelve problemas secundarios desde el punto de vista de los problemas de fondo. Este fenómeno, para mí, deja la realidad intacta en hace dos siglos, cuando aún Bauman ni nacía. Y esta realidad, patente en todo el planeta prácticamente, ¿no le indica nada a Bauman? ¿A la luz de esta realidad es factible considerar siquiera la licuefacción como fenómeno principal, de fondo? Por favor. Esto no es más que información de bajo nivel y alto impacto para políticos y empresarios de quinta categoría.

Y si me adentro en los progresos médicos, los descubrimientos que día a día aparecen y permiten extender la vida son fantásticos. Pero qué sacamos con contar con mejoras técnicas que nos extiendan la vida; si no le hemos dado a la vida original un sentido, cuál le daremos a la sobre vida que nos permite la medicina. Y eso ¿acaso no se inscribe dentro de los modelos clásicos de explicación de la explotación y de los grupos de poder? Según Bauman, estaríamos viviendo una vida líquida. Según mi perspectiva, de líquida, nada. Todo encaja muy bien en el imperialismo dentro de un contexto de mercados mundializados y de economías concentradas (¿sólidas?). Hasta se podría pensar que Marx y Engel continúan siendo sociólogos de gran estatura, porque prediciendo el imperialismo no lo han hecho nada mal. A lo mejor no estimaron la globalización ni la mundialización de los mercados, pero el fenómeno final, sí. ¿Qué son sino las alianzas entre grandes conglomerados y gobiernos y/o comunidades de gobierno? ¿Qué es sino la gran voracidad de empresas que adquieren a otras, o que se fusionan para mantener y mejorar sus participaciones y el control junto a las normativas gubernamentales que les apoyan? ¿Sabía usted que cuando yo trabajaba en el mundo de las telecomunicaciones hace 15 años atrás, existían unas 500 empresas de tamaño respetable en el mundo? En ese entonces, preveíamos que éstas llegarían a unas 12 empresas principales en el 2010. Faltan un poco más de dos años y en este instante son 21 empresas, pero donde no más de cinco se reparten la mayor proporción de la torta. Mientras Bauman nos aletarga con su licuefacción, el capitalismo continúa haciendo su trabajo, que para eso está, no para otra cosa. Y parte de su trabajo es hacer florecer muchos modelos caracterizadores que nos adormezcan un buen rato para no interferir con su proceso trascendental de continuar acumulando.

Las proposiciones de Bauman, como la de muchos otros sociólogos y filósofos, parecen muy científicas, pero no lo son en un sentido estricto. Adolecen de los dos grandes peligros permanentes: El primero, pretender construir sistemas globales que expliquen en forma definitiva el funcionamiento de las sociedades humanas. Muchos buscan destronar teorías predecesoras e inutilizar las de sucesores. Es una tentación totalitaria. En mi opinión, Bauman, con la cantidad de libros que ha sacado en tan corto tiempo, repitiendo constantemente en todos sus libros los mismos eslóganes, no sólo ha aprovechado las ventajas que el propio sistema consumista que critica le ha brindado, sino que incluso ni siquiera ha revisado bien sus borradores para atiborrar rápidamente los estantes y no perder mercado ni ingresos. También pasó lo mismo con los estructuralistas e incluso los marxistas. Que lo hagan los sociólogos y filósofos capitalistas está dentro del marco que apoyan, así que no puedo criticarlos.

El segundo peligro es el ideológico. Las “ciencias” sociales o humanas, o como quiera que se les llame, siempre están atravesadas por el problema del observador. Y muchos agregan palabrería y erudición de bajo voltaje. Si hubiese más honestidad, se hablaría de ensayos, más o menos rigurosos, pero ensayos al fin. Eso no invalida el tremendo cuerpo de investigaciones y reflexiones serias que tenemos a disposición, que no se instalan como zócalo para el pensamiento político empobrecido.

En fin, he seguido a Bauman, y no ha podido proveerme de una verdadera novedad en la explicación de los fenómenos sociales. Sí, me ha ofrecido una caracterización de la sociedad que, para mí y a la luz de otros autores del último siglo, no es más que un rebautizo de lo mismo. Sé que es el que "la lleva", pero, perdónenme, no siento que aporte verdaderamente a la comprensión de las problemáticas de fondo que nos aquejan.  

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Comentarios

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apocalipticos - integrados...

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interesante haroldo, creo que la teoria de bauman es hija del tiempo que asistimos pero no desde una posición con connotaciones negativas que es lo que visualizo al final de tu escrito, creo que este tipo de teorías son partes del mismo proceso que bauman intenta decodificar quizas de manera no tan acabada me refiero a una modernizacion reflexiva donde se toma a si misma como tema y problema, lejos de ser una postura totalizante sino mas bien desde una teoría de composturas parciales o sino sería un contra sentido lo de liquidez no crees??.

tengo mis serias dudas respecto a "Quien desee adherir a ese proyecto debe, inexorablemente, profanar lo sagrado, es decir, desautorizar y negar el pasado, y especialmente la tradición" tengo la impresion que si tengo un cubo de hielo de jugo y lo dejo derretirse en un vaso por mas que no sea cubo de jugo, seguirá siendo jugo, y es mas si lo cambio de recipiente a una piscina seguira siendo jugo por tanto la ontologia del ser en cuestion permanece intacta.

me llamo la atencion lo de la fase gaseosa.. te imaginas aquello?? en los solidos hay atomos que se presionan y se encuentran tan cercanas unas con otras que podria caracterizarse tal vez como aquello premoderno del vínculo de sangre. en lo líquido aún no se desarma el vínculo pero me da la impresion que en un estado gaseo se desarticularia la trama social x la distancia de las particulas (esto siguiendo la metafora x supuesto)

finalmente amigo lo referido estrictamente al consumo y sus consecuencias derivables creo que bauman entrega bastantes pistas en el textillo turistas y vagabundos, por lo demas es bastante entretenido ahi va el link x si te interesa revisarlo http://www.pasa.cl/index.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=322.

el último parrafo amigo te hace estar vivo en aquello que conversabamos el otro dia la racionalidad irracional tan racional si lo pudiera resumir en una palabra escepticos de sentido.

saludos un abrazo.

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