No voy a hablar acerca de cómo librarnos del temor, no, eso sería terapéutico y, por deformación de mi deformación no hago terapia blogera, salvo cuando se trata de algo que realmente me mueva a entregar una idea que demuestre intuitivamente ser útil. El miedo, esa emoción que facilita las conductas de evitación y huida, que es universal, que se reconoce en cualquier lugar por las manifestaciones faciales.
¿Qué significa el temor? ¿Tiene alguna estructura? ¿Cuál es la naturaleza del temor? ¿Cómo encararlo?. Podría, por ejemplo, decir que siento temor a perder mi audiencia en este blog. Esa audiencia me apoya, me otorga vitalidad para escribir y expresar mis ideas. Si la pierdo, pierdo mi posición, mi prestigio. También puedo tener miedo a volverme un viejo gagá en la medida que envejezco. Temo depender de una mujer porque la dependencia me amarra, así que me da miedo perderla. Puedo sentir temor por algo que he hecho en el pasado y mi remordimiento me acosa, y no quiero que ustedes lo sepan. O bien puedo temer a la muerte, a lo que digan los demás de mí, vivo angustiado porque me siento inferior a otros y eso condiciona mis relaciones. En fin, hay temores para cada minuto y hora del día. Es más, vivimos en una ensalada de temores. ¿Cuántos de los blogs de esta misma comunidad se refieren día a día a los miedos y las angustias que conllevan dichos miedos? Los tenemos en política, informática, en la economía, en el espectáculo, en nuestras relaciones, en nuestra familia, uuuuf, son tantos que no me alcanzaría todo el espacio de la comunidad para terminar de mencionarlos. Vienen en todos los sabores, colores, envases y demases.
El temor es uno de los problemas más frecuentes. Podemos estar conscientes o no de él. Podemos tratar de evadirle, o de dominarle, de resistirle; sin embargo, el maldito temor aparece y reaparece como la serpiente de la canción de Silvio Rodriguez: la mato y aparece otra mayor. ¿Será que la mente, es tan sensible a la vulnerabilidad que desde nuestra infancia nos insta a construir muros? Tememos hasta lo desconocido, paradoja que no termina de asombrarme ya que cómo puedo temer a algo sobre lo cual nada sé. En una de esas no es a lo desconocido sino más bien a perder lo conocido, lo que ya tengo, lo que creo ser, lo que ya he acumulado, lo que he alcanzado con mi enorme sacrificio (poner "enorme" sacrificio es muy comercial además).
Escuché a un terapeuta una vez que decía: "lo primero que tenemos que hacer es no tener miedo a estar atemorizados". Me quedé perplejo con la afirmación. Pero si el temor, al igual que la luna, es algo que está ahí, siempre, con lo que tengo que vivir y acompañarme. No entendí, y me "rebanaba" (no me debanaba) los sesos para averiguar si era una metáfora esa afirmación. Qué ingenuidad.
Para que el temor se manifieste es necesario que el pensamiento le de cabida. Pero aquí surge algo que nos puede interesar: el pensamiento busca permanentemente certezas, y oh, sorpresa, en este caso, el pensamiento se ve bloqueado por la incertidumbre y emerge el miedo. Pero, ¿por qué hace esto el pensamiento? El pensamiento es energía, y opera en la búsqueda de continuidad del placer (lo que no nos da temor) que, cuando aparece lo incierto, aparece el temor. O sea, el pensamiento opera en ambos sentidos. La mente se posiciona sobre lo que nos está ocurriendo en un momento pero también está permanentemente asomándose sobre las posibilidades futuras, aunque no estemos pensando conscientemente acerca de ello; simplemente aparece, así, como la serpiente de Silvio.
Desde el punto de vista terapéutico existen millones de "pociones mágicas" que nos proponen qué hacer con el miedo. Al final, puros condicionamientos que se agregan a la base de datos, pero que no erradican ni pueden erradicar el síntoma. El tema parece que va en la dirección de nuestras ansias de placer contínuo: placer y temor ¿podrían ser las dos caras de una misma moneda? Porque nos encanta el placer, lo buscamos y, si no lo hallamos, nos frustramos y nos volvemos inseguros. Entonces ¿será que el temor emerge a partir de nuestras propias exigencias de placer contínuo? Porque nunca nos cuestionamos la dosis de placer, y más aún, el placer me impulsa, me mueve, lo busco a como dé lugar. Si algo no lo sé, si hay algo que no pueda abarcar mi conocimiento, la incertidumbre se apodera del escenario y nuestra seguridad se desmorona. Y el pensamiento fracasa al no poseer el conocimiento de lo que sucederá; de lo que no conoce no puede pensar, ¿no es cierto?
Bueno, una proposición reflexiva: ¿Qué pasaría si mi pensamiento se quedara quieto y el incierto futuro desaparece? Si el pensamiento se quedara en silencio, no habría tiempo. Para que el pensamiento se quede quieto, la única forma que parece ser efectiva es vivir en el aquí y ahora (con esto no estoy promoviendo la Terapia Gestalt, que quede claro, porque es otro el sentido). En efecto, ni siquiera logro entender qué es vivir en el pasado, ni en el presente, menos en el futuro, que no conozco. Imagínense la debacle mental que estoy planteando, y más aún, paradojalmente, con todo esto, que es real, quiero vivir en el futuro.
Pero resulta que en estos días, un montón de enfoques se nos plantean como solución de brechas entre lo que soy y lo que quiero ser. ¿Han escuchado hablar de la visión en la planificación? Bueno, también se proponen fórmulas del mismo tipo para el trabajo de crecimiento personal, para resolver los problemas familiares, para alcanzar objetivos en la vida, etc, etc. Estas fórmulas implican uso de tiempo (tiempo cronológico y tiempo psicológico) y, el tiempo es otro componente del miedo. Cuando hemos alcanzado un objetivo en el tiempo, el miedo continúa haciendo estragos, porque ahora no queremos que se termine lo logrado y queremos que se extienda en el tiempo, y así sucesivamente por los tiempos de los tiempos. Pero hay más. Dentro de esa brecha entre lo que soy y lo que quiero llegar a ser, aún sin entender qué significa realmente llegar a ser, se implican imágenes; sí señor, imágenes: imagen de lo que es usted, imagen de lo que soy yo, imagenes, estereotipos, íconos, símbolos que juegan en la dinámica de llegar a ser a partir de lo que soy a través del tiempo, símbolos que me separan de otros y que por existir tales diferencias generan miedos, símbolos que cuando los obtenemos luego no queremos perderlos, lo que me causa miedo. Las imágenes y el tiempo parece que también estructuralizan el miedo.
Entonces, pareciera que el temor, esa emoción tan básica ¿es algo que hemos inventado por siglos y siglos a partir de lo que pensamos, del bloqueo de lo que pensamos cuando aparece lo incierto, del futuro, del tiempo y de las imágenes que imperan y nos impulsan en nuestra existencia? ¿Será tan básica esta emoción que facilita las conductas de evitación y huida?














Ya que
estrella cereceda