LA VIDA COMO UNA TOTALIDAD Y La Fascinación De Lo Fragmentario

Tengo que admitir que prácticamente todos los enfoques que buscan mejorar la calidad de vida del planeta son muy seductores. Tal vez, mientras más conocimiento se tiene de la naturaleza, algunos van cayendo y otros van adquiriendo relevancia. Pero esto es muy especialmente fuerte cuando se trata de movimientos o corrientes de filosofía y psicología. En efecto, teorías y enfoques tales como el psicoanálisis de Lacan y otros más modernos y modernizantes, la Gestalt, Rogers, el propio enfoque sistémico incluso, los planteamientos de Maturana y Varela, el constructivismo y otros plantean un discurso y estructuras que francamente son de una seducción imbatible. Y cómo no, si vivimos requiriendo respuestas más que formulando preguntas. Es tan difícil vivir que la lucidez que nos muestran algunos pensadores nos cautiva y rápidamente la ingresamos a nuestra base de datos. Si además, trabajamos en oficios en los cuales estas respuestas nos ayudan a ganar el sustento, mejor todavía.

Todavía recuerdo cuando siendo adolescente me fasciné con el aporte de la mirada Gestalt, el llamado “insight”, es decir ese súbito conocimiento derivado de una reorganización perceptiva de los elementos de un problema. Este concepto no es original de la Gestalt, ya estaba en el psicoanálisis freudiano como un factor clave de la toma de conciencia. Pero la Gestalt lo resaltaba, lo ponía al servicio del individuo a través de la técnica de examinar los elementos de la realidad dándonos cuenta de ellos y de cómo están organizados en vez de por qué se organizan de una manera determinada. Podemos ensayar varias soluciones y no dar con la adecuada, hasta que, de pronto la encontramos y nos damos cuenta que los elementos re-organizados de un modo distinto permiten la solución definitiva. Cuando hemos encontrado esta solución definitiva es que se ha producido la totalización, la completitud, lo que en jerga común llamamos solución redonda; ni sobra ni falta nada y todo está en perfecta armonía. En esencia, la Terapia Gestalt y las Dinámicas de Grupo Gestalt lo que buscan es básicamente que encontremos esa solución que armoniza, tanto en la solución misma como en nuestra personalidad.

Y para mí, un neófito, lego, ignorante, descubrir que la gran dificultad con la que a menudo se encuentra el terapeuta o el monitor Gestalt es la fijación funcional, vale decir, la tendencia a hacer las cosas de una sola o de pocas maneras, lo que se traduce en una baja capacidad para percibir la organización de los elementos de un problema de un modo diferente, fue también como un “insight”. Algo se abrió en mí como si hubiese descubierto un koan zen. Más tarde aprendí “técnicamente” (para reforzar y perpetuar mi insight) la importancia de que en el juego terapéutico o en las dinámicas se busquen nuevas perspectivas, nuevos puntos, que desplacen el que teníamos originalmente para adquirir una nueva organización de los elementos y con ello un nuevo significado, el cual es siempre particular, singular, único, pero que, si nos sentimos en okeidad implica totalidad, completitud, armonía. Más tarde, ya adulto continué aprendiendo que la percepción de algo no corresponde a la simple suma de las partes, sino a un complejo entramado que termina haciéndonos conscientes; donde la conciencia es mucho más que lo que abarca la conducta.

Pongo esto de la Gestalt como un ejemplo de mi propio condicionamiento, el cual camina a pasos agigantados cada vez que aprende algo nuevo.

Sin embargo, ¿qué hay de nuevos modos de encarar la realidad, en la que no podamos fingir, ni teorizar ni hacer hipótesis, puesto que todo eso, de algún modo nos vuelve algo deshonestos? ¿O encaramos la vida como una totalidad o la encaramos en fragmentos?.

Hay obstáculos, puesto que hemos sido educados, por ejemplo, dividiendo nuestra propia estructura en “consciente” e “inconsciente”, con lo cual ya, incluso los psicólogos y psiquiatras caen en la trampa de la fragmentación y emerge un argumento: el inconsciente nos impide observar la realidad como una totalidad. Terminamos entrampados en etiquetas. Por lo tanto, la primera gran “observación” sería: ¿soy consciente de que observo la realidad de modo fragmentario? ¿Estamos conscientes de que, incluso quienes están encargados oficialmente de la salud mental dividen la vida? Algún intelectual avezado podría cuestionarnos diciendo: pero si la vida como un todo no es más que un concepto abstracto. Y claro, si esto lo dejamos en el plano de la idea, entonces sí, es un concepto (que ya es de por sí “abstracto”). Pero darse cuenta de una existencia fragmentada y, a la vez, que esta existencia puede modificarse, entonces ya deja de ser un concepto y toma la calidad de experiencia.

Sin embargo, las dificultades no nos abandonan si es que queremos tomar en serio esto de la vida como una totalidad. De hecho, creemos que hay cosas muy profundas, que en la práctica para este ejercicio son realmente superficiales. En efecto, ¿qué hay de su enfoque religioso? ¿y qué de su nacionalismo? ¿y qué hay de su pertenencia a una capa social determinada? ¿y qué me puede decir de su sentimiento respecto a la propiedad? ¿y qué podría agregar acerca de su adhesión a una filosofía particular en contra de otras? ¿y qué en relación a su oficio, profesión o especialización? ¿Cree usted que no constituyen fragmentos de la vida?

En verdad, este ejercicio nos exige una completa seguridad de que, para poder aproximarnos a una vida sentida como totalidad es preciso renunciar y descartar todas las fragmentaciones, puesto que, de otro modo es imposible. Si el psicoanálisis hizo un “gran aporte” en ingresarnos el dato de lo consciente y lo inconsciente, prácticamente todas las demás corrientes psicológicas, de modo más refinado siguen propiciando una contradicción vital en la que las divisiones culturales no han sido eliminadas.

Hay cierta ilusoriedad cuando creemos que conocemos las operaciones de la mente consciente. La práctica habitual no significa más que práctica de hábitos: acudir al trabajo, hacer las cosas, estudiar, relacionarse de modos determinados, asumir un enfoque al que adherimos; pero esto no nos da el derecho a creer que conocemos la mente consciente, y, lo que es más grave, suponer desde esa óptica que podemos conocer el inconsciente. Humberto Maturana y Francisco Varela lo pusieron en lenguaje moderno, pero este conocimiento viene desde hace más de 25 siglos: somos parte de lo observado, incluso cuando nos observamos a nosotros mismos. Y al dividirnos en observador y “realidad” observada en nuestro contenido de la conciencia, ¡seguimos en un enfoque fragmentario!. ¿Puedo observar el contenido de mi conciencia siendo yo mismo parte de ese contenido y más aún, sabiendo que no conozco ni siquiera todo el contenido de mi conciencia? Siguiendo en esta línea, la conciencia no está separada de su contenido; de hecho, el contenido es la conciencia.

Vaya problema ¿no es cierto? Porque si en una terapia, por ejemplo, me piden que sea un observador y me separo de mi contenido, analizando, evaluando o aceptando tal o cual cosa de mí, ¿no es eso también el resultado de mi contenido? Uuuf, qué complicado. Es más, como mi deseo de sentirme seguro es tan fuerte, hasta en la división de observador y lo observado me refugio para no sentirme perdido. Un terapeuta Gestalt podría sugerirme aceptar el mundo tal cual es. Pero ¿quién soy yo para aceptarlo? ¿Por qué debería aceptarlo o rechazarlo? El mundo es un hecho. La luna sale en algún momento, está ahí y, si la acepto, soy parte de la conciencia que la acepta, porque me conviene, y si la rechazo, porque no me conviene. Al final no puedo rechazar ni aceptar, la luna simplemente está ahí y no puedo hacer nada. Cualquier cosa que yo haga es parte del contenido de mi conciencia, es decir, forma parte del condicionamiento. Si me aferro a algo, ya estoy en la esencia misma de la neurosis. Y si cambio, sigo metido en el mismo contenido de mi conciencia, sólo que moviéndome de un rincón a otro. Al final vamos de un fragmento a otro.

¿Podría ser que la percepción no fuera percepción y fuera concepción? Es decir, que la construcción se edifique sobre una base coparticipativa en la que la realidad se co-construye con los elementos externos que ingresan por los sentidos y los elementos internos que fabrica la imaginación y la bioquímica?

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Comentarios

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el problema del punto ciego de la autoreferencialidad de los sistemas y en particular el social y como los sistemas se perturban entre si. exelente tema

un abrazo carla

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un muy buen concepto, ¿lo propones tu?, es radical a mi parecer, al menos en el area más ciencia, en asuntos más holísticos ya es mucho más cercano a la idea del todo, del fluir de lo interno y lo externo armando el todo, cocreandolo. me gusta cuando las reflexiones comienzan a unir pensamientos que parecen tan distintos.

lo que escribes da para mucho tema, casi una nueva teoria, jajajaja. me hace reflexionar también.  

quien analiza solamente esta en otra zona de ese mismo todo, del que es imposible salirse,para algunos cientificos la sola idea de perder esa posición autsider puede ser complicadisima.

pero claro las soluciones pueden estar en comprender que somos contenido y que lo importante es aprender a moverse en nuevas perspectivas de todo aquello que estamos siendo. ufff, volon, 

saludos y muy interesante. 

la jose



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Guau... tu si sabes escribir, OOOMMMM guru!

Leyendo tu disertacion, no puedo evitar sentir cierto cosquilleo incomodo en la base de mi estomago, pues como terapeuta que soy... me gustaria tener la gran vision de las cosas, la totalidad, para poder colaborar con la mejoria que buscan mis pacientes.

Sin embargo, reconozco que me falta mucho siempre.  En especial cuando me esforzaba (cuando novata en mi profesion) en tener todo controlado, todo bien documentado, todo bien sustentado para no cometer errores.  Como si los terapeutas fuesemos dioses responsables del proceso del paciente, y este, como muneco de trapo no estuviera interviniendo en mis propias percepciones y movilizando mi propia existencia.

Me ha servido mucho el ponerme al lado del consultante, de manera tal que sienta que esto es un tandem por un paisaje en constante dinamica de interaccion y de interdependencia.

la forma en que pedaleemos los dos, sera influenciada por el paisaje (clima, colores, luz, terreno, territorio...), por nuestras historias y formas de construirnos lo que percibimos, por nuestros genes, expectativas, intereses, etc.

Asi que cuando tengo a un consultante a mi lado, bajo la cabeza a la grandeza de la TOTALIDAD, y hago lo mejor que puedo con los pedacitos o fragmentos que vamos armando.

Creo que es muy bueno tu articulo porque definitivamente creo que es urgente demistificar a la psicoterapia, y colocarla en un lugar donde pueda ser mas util, real y funcional.

Psicoterapia es acompanamiento, reflejo, punto de apoyo, espacio de reflexion, donde no hay soluciones, sino nuevas formas de ver el fragmento y/o mas fragmentos... la TOTALIDAD... uffff me queda grande.

Carinios ciberespaciales... desde este fragmentito!  Cris.


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 Me encanta todo lo que publicas y ademas mi profesora de psicologia nos

 estuvo hablando de la Gestalt me encanta como lo dices , como lo expre

 sas y me recuerda lo que me dice mi profesora pero tu sonrisa es conta

 giosa y tambien me gusta y no vayas a pensar mal que los hombres como

 decia mi abuela "son muy mal pensados "

 mil millones de besos y abrazos de          maria

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