TESTS PROYECTIVOS: ALGUNOS ANTECEDENTES ADICIONALES

 

Es todo un tema la evaluación de la personalidad por medio de tests proyectivos. Ya observamos en un posteo anterior los resultados de investigaciones efectuadas por un grupo de psicometristas expertos. Agregaré ahora otros antecedentes significativos que continúan cuestionando la hipótesis práctica de fiabilidad de los resultados. En otro posteo hablaré de las estadísticas en psicometría y otras actividades con mayor profundidad, que agregan más pelitos a la sopa. Me parece pertinente agregar transparencia en este tipo de actividad que tradicionalmente es tan reservada a los expertos y a un ámbito muy reducido de gente y que contiene genialidades y aportes trascendentales, pero que también posee trazas de irracionalidad, sesgos muy humanos y errores que no son triviales. Vamos al grano: 

1. Cuando se aplica el test de Rorschach, o el Zullinger o el de Apercepción Temática, por mencionar algunos, sobre una persona y la prueba se repite varias veces, los resultados no se repiten. Ningún test es la panacea, que quede claro. Todos tienen algún grado de error y es cuestión de buscarlo: en el diseño, en las condiciones, en los factores culturales, etc, etc.. De lo que se trata es de aplicar pruebas o protocolos que conduzcan a determinar  resultados confiables y que realmente tengan utilidad para decidir y que los errores sean mínimos.

Uno de los errores más comunes es deducir del análisis de correlación principios causa-efecto sin ton ni son. Y esto no es sólo en psicometría, también ocurre en econometría. Menos mal que la incorporación de la teoría del caos y la incertidumbre está aportando luces en todos los ámbitos en los cuales se aplica la estadística.

Estadísticamente puede aparecer un sinnúmero de correlaciones que, en la práctica no tienen ningún sentido. Tengo un amigo que hace muchos años, después de observar una serie de estudios en los que aparecían cosas como que la distancia desde las pirámides deEgipto hasta el Sol revelaban ciertas propiedades o señalaban ciertos valores mágicos decidió ir hasta varios monumentos en Santiago y hacer la misma prueba, y curiosamente, desde cualquier monumento nuevamente aparecían ciertos valores conocidos en física o alguna propiedad especial. Posteriormente realizó mediciones desde grifos de agua en algunas calles hasta el Sol, Luna, Venus, etc. y siempre aparecían valores ya conocidos y especiales. Todo el esoterismo que se deducía de los estudios de las pirámides terminó en un archivo de mimbre.

2. En el caso de test de Rorschach, la gran psicometrista Anne Anastasi (denominada la Gurú de los tests) demostró que la confiabilidad test-retest es baja y que no se ha podido establecer su validez. La seriedad de Anastasi es reconocida y en todos sus escritos relativos a las técnicas proyectivas, sin despreciarlas como técnicas, declara, enfáticamente, la necesidad de mejorar la fiabilidad de las interpretaciones, por cuanto es reconocido (hasta hoy día) que la variabilidad entre evaluadores en relación a las interpretaciones de los resultados de tests proyectivos es significativamente alta. Aún cuando el sistema comprensivo de Exner ayuda a corregir parcialmente algunos problemas, la variabilidad no disminuye, entre otros factores por el sesgo de los mismos evaluadores. Anastasi propone además otras formas distintas de examinar los resultados, utilizando análisis factorial, pruebas transculturales, intervalos de confianza, etc.

3. Otros investigadores, como Loren y Jean Chapman realizaron una serie de estudios sobre este test. Su trabajo se centró en el problema de que, al tratar de decidir qué se relaciona con qué, las expectativas previas pueden llegar a distorsionar la interpretación de las observaciones. Por ejemplo, tomemos el Rorschach. Se supone que Rorschach permite diagnosticar la homosexualidad. Se evalúan algunas señales en respuestas que se refieren al ano o a las nalgas, a la ropa femenina, a los órganos sexuales, o las que se refieren a una persona de sexo indeterminado ("puede ser un hombre o una mujer") o de sexo confuso ("de la cintura para abajo es un hombre y de la cintura para arriba una mujer"). Los estudios anteriores a los efectuados por los Chapman revelaban que tanto los homosexuales como los heterosexuales responden con la misma frecuencia las señales mencionadas anteriormente. dado esto, los Chapman se pusieron a investigar por qué los psicólogos clínicos continúan creyendo que las respuestas a este test diagnostican rasgos concretos, aún teniendo estudios que demuestran lo contrario. Se centraron en el diagnóstico de la homosexualidad e hicieron lo siguiente:

Experimento 1:

Aplicaron a psicólogos clínicos un cuestionario para descubrir qué señales creían que se hallaban más estrechamente relacionadas con la homosexualidad. Las más citadas fueron las cinco señales ya mencionadas: referencias al ano, a la ropa femenina, a los órganos sexuales, a personas de sexo indefinido y a personas con atributos de ambos sexos. Con estos resultados confeccionaron una lista de estas cinco respuestas y otras ochenta que, en opinión de los psicólogos clínicos, no diagnosticaban la homosexualidad. Se la mostraron a más de treinta estudiantes universitarios, pidiéndoles que evaluaran hasta que punto asociaban mentalmente cada una de las ochenta y cinco respuestas con la homosexualidad. Los estudiantes, quienes carecían de experiencia clínica, eligieron exactamente las mismas cinco respuestas que los psicólogos clínicos como elementos de diagnóstico de la homosexualidad. Esto demostraba que los psicólogos no habían aprendido nada de su experiencia clínica: sólo les influían sus ideas preconcebidas.

Hay dos respuestas que son ligeramente más frecuentes entre los homosexuales que entre los heterosexuales: ver la mancha como un monstruo o como algo que es en parte humano y en parte animal. Los Chapman denominaron a este tipo de respuestas "señales válidas" y a las otras cinco "señales no válidas".

Experimento 2:

Un grupo distinto de estudiantes universitarios tuvo que examinar treinta tarjetas cada una con una mancha de Rorschach, la respuesta que había dado un paciente imaginario y dos trastornos emocionales que padecía. Se dijo a los sujetos que los casos eran reales. A cada sujeto se le presentaron cuatro problemas emocionales distintos, incluyendo la homosexualidad y cinco señales: dos válidas, una no válida y dos neutras. Cada una de las cinco señales no válidas (las que se nombraron antes) se presentó a distintos sujetos. El emparejamiento de las señales con los trastornos emocionales se realizó al azar, por lo que no había relación en las tarjetas entre una señal y un rasgo de la personalidad. Se les dieron las siguientes instrucciones por escrito a los sujetos:

"Le voy a mostrar una serie de manchas de tinta de una en una. Con cada una encontrará unas líneas escritas a máquina que describen lo que un paciente ha visto en la mancha y cuáles son sus problemas emocionales más importantes. Cada una de las treinta tarjetas representa un paciente distinto. Leerá lo que los treinta pacientes diferentes afirmaron ver en la mancha. Lo que quiero que haga es examinar determinadamente cada mancha de tinta y lo que el paciente dice haber visto en ella, así como sus dos problemas emocionales. Cuanto todos ustedes hayan visto todas las tarjetas les pasaré un cuestionario sobre el tipo de cosas que han visto los pacientes con cada tipo de problema."

Una vez examinadas todas las tarjetas, se preguntó a los sujetos si habían observado alguna respuesta que fuera más frecuente entre los homosexuales. Los estudiantes creyeron equivocadamente que cada una de las señales no válidas se asociaban con mayor frecuencia con el rasgo de la homosexualidad que el resto de las señales.

Experimento 3:

Otra vez se mostraron treinta tarjetas a estudiantes universitarios, pero esta vez, se presentaron las dos señales válidas, que aparecían siempre asociadas con el rasgo de la homosexualidad. A pesar de la total correlación entre tales señales y la homosexualidad, los estudiantes no dieron cuenta de ella. Sólo el 17% creyó que las dos señales eran más frecuente entre los homosexuales, frente al 50% que eligió señales no válidas, a pesar de que estas señales no se habían emparejado de forma selectiva con la homosexualidad en las tarjetas.

Los Chapman demuestran la dificultad de detectar que dos hechos se producen al mismo tiempo. Cabría pensar que son las expectativas previas de los sujetos sobre las cinco señales no válidas las causantes de que no tengan en cuenta la perfecta correlación entre la homosexualidad y las señales válidas. En otro experimento, los Chapman retiraron las señales no válidas y los sujetos siguieron sin detectar que las señales válidas estaban relacionadas con la homosexualidad, a pesar de que, en las tarjetas, volvían a aparecer asociadas.

Estos experimentos no han podido refutarse, como ha sido el caso de otros experimentos que buscaban demostrar la no fiabilidad del Rorschach y que adolecían de serios problemas metodológicos, de diseño y de condiciones de experimentación y supuestos implícitos o explícitos.  

En fin, no me convenzo de que las técnicas proyectivas lleven a un buen puerto. Si una mujer sueña que un hombre la obliga a entrar a su casa por la puerta principal, entonce, lo más simple sería deducir que, a la luz del psicoanálisis, primera opción: esta mujer teme ser violada; segunda opción: tiene un deseo oculto de ser violada; tercera opción: teme algún otro tipo de abuso sexual. Si le preguntamos y nos dice que no siente ningún temor o deseo de ese tipo, entonces la negación confirma la deducción, porque estaría tan "profundamente escondido este temor o deseo" que ni ella se da cuenta. Pero ¿cómo podemos demostrar realmente que nuestra deducción es la correcta? ¿Y cuál de las opciones sería la correcta?.

Aún cuando fuese un experto en psicoanálisis (clásico y modernizado) no podría aventurar más que hipótesis y reconocer que se trata de una opinión, que aunque fundada en mi experiencia y conocimiento, trabajada de buena fe y con la mayor honestidad y dedicación, está sujeta a grandes variaciones en relación con otros evaluadores u observadores también poseedores de experiencia y conocimiento, buena fe y honestidad; con lo cual, en la práctica no estoy siendo muy útil. Pero esto no es lo que se expresa en muchos informes de evaluación de personas en postulaciones laborales, o en diagnósticos que luego serán la base para tratar a una persona. Me hago eco de lo que le respondió el Dalai Lama al psiquiatra Howard C. Cutler cuando éste último le expuso una situación psicológica interpretable de muchas maneras y que podría explicarse por una multiplicidad de factores: No sé -le respondió el Dalai- encogiéndose de hombros y reconociendo la singularidad de cada situación y de cada persona y las particularidades que le rodean en el momento que acontecen o experimentan una situación. 

No quiero ni pretendo descalificar al psicoanálisis; como tampoco estoy en una cruzada anti Rorschach u otras pruebas proyectivas per sé. Creo que, con los aportes de Karen Horney, Lacan, Fromm, Stack y otros, el psicoanálisis, como línea de investigación, de pensamiento y de interpretación, hace aportes interesantes y en algunas ocasiones, bien contextualizado y cuidadosamente aplicado, ofrece razonables indicaciones respecto a por dónde podría ir un problema. Como referencia para apoyar una hipótesis de trabajo puede ser muy útil, pero cuando se trata de diagnóstico y, sobre esa base se aplica a rajatabla y mecánicamente la medicina, creo que, aparte de referirse a la variabilidad de opiniones que pueden existir entre los propios profesionales, hay que evitar caer en sesgos tan groseros. Y, en la selección de personas, su aplicación a través de Rorschach o el más abreviado Zullinger me parece, por decir lo menos, altamente riesgoso. El resultado de una prueba que termina efectuando asociaciones que no competen, o que no corresponden le resta credibilidad al sistema evaluador-prueba y perjudica a un individuo que postula a un trabajo y que puede quedar fuera por una irracionalidad. Y nótese lo siguiente: esto ocurre a pesar que algunos especialistas que aplican la prueba no interpretan ellos mismos y, por ética y honestidad profesional recurren a otros experimentados y altamente especializados en esta actividad (lo cual también puede ser una ratificación de sesgos). Recomiendo leer a Stuart Sutherland en "Irracionalidad, el enemigo interior", quien también se refiere a estas cuestiones, entre otras importantes para entender mejor la psicología del pensamiento.

 


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Comentarios

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Estimado Haroldo,

Deseo felicitarlo por los comentarios debidamente argumentados, porque confirman algunas de mis dudas respecto a la precisión y certeza que tienen los informes elaborados por algunos psicólogos laborales. Concuerdo en que se pueden cometer grandes errores en la interpretación según su artículo, dejando candidatos valiosos en el camino.

Si bien, estas son herramientas adicionales para seleccionar y contratar a una persona, creo que queda excluída tal vez la condición mas importante, que es evaluar su compatibilidad como nuevo componente de este sistema (equipo de trabajo, organización, etc.). Lo anterior, dado que en muchos casos, se evalua a este individuo de manera aislada, asumiendo que si es "aprobado" en esa etapa, tendrá una exitosa incorporación al Equipo de Trabajo que va a integrar.

Luego de varios años como ejecutivo con importantes responsabilidades en distintas empresas, me he dedicado a entrenar y preparar jóvenes ejecutivos que se incorporan al mercado laboral y algunos de ellos se han quejado se haber sido descartados en la evaluación psicológica, pero les niegan mayores antecedentes, por lo cual no saben si tienen graves problemas de personalidad, como tampoco a qué especialista recurrir.

Estimo que en estos informes, se debe dar mayor énfasis a recomendar la mejor manera de integrar a esa persona a la nueva organización y establecer un trabajo conjunto, que le permita entregar su mayor potencial productivo para el corto y largo plazo, mas que ser una instancia de descarte y eliminación de candidatos.

 atte.,

Alvaro

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te  mando el articulo de pruebas proyectivas ok!

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