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UN INSTANTE CON EL DALAI LAMA: LA MENTE QUE COMPARA COMO CRITERIO DE EXAMEN DE NUESTRAS CREENCIAS

Enviado por Haroldo Miranda el jueves, 17 enero, 2008 a las 2:43 AM
Haroldo Miranda


Este posteo es sólo un trozo -trazo de lucidez- que aporta el Dalai Lama en una entrevista realizada por Howard C. Cutler, un psiquiatra y que se plasmó en el libro El Arte de la Felicidad. Mi propósito no es la autoayuda ni la no autoayuda, sino sólo un pequeño grano de reflexión para quien le interese. Tampoco es mi idea poner la visión budista por sobre la occidental. Nada más lejos. A mí me pareció una guía útil, un conjunto de criterios sanos, razonables y, dado el conocimiento actual, muy cuánticos y, suficientemente sólidos como para formularse preguntas. Aquí va textual y sin más afán que ponerlo en común. De todos modos, este tipo de criterios son los que avalan que algunos países ya se estén proponiendo la felicidad como un objetivo de política de Estado:

¿Qué define nuestra percepción y nivel de satisfacción? Esas sen­saciones están fuertemente influidas por nuestra tendencia a compa­rar. Al comparar nuestra situación actual con nuestro pasado y des­cubrir que estamos mejor, nos sentimos felices. Eso sucede cuando nuestros ingresos saltan, por ejemplo, de 20.000 a 30.000 dólares anuales; pero no es la cantidad absoluta lo que nos hace felices, como descubrimos en cuanto nos acostumbramos a los nuevos ingresos y ci­framos nuestra felicidad en la consecución de 40.000 dólares anuales. Miramos también a nuestro alrededor y nos comparamos con los de­más. Por mucho que ganemos, tendemos a sentimos insatisfechos si el vecino está ganando más. Los atletas profesionales se quejan de ga­nar sólo uno, dos o tres millones de dólares cuando se citan los ingre­sos superiores de un compañero de equipo. Esta tendencia parece apoyar la definición de H. L. Mencken de un hombre rico: alguien que gana cien dólares más que el marido de su cuñada.

Vemos, pues, que nuestros sentimientos de satisfacción dependen a menudo de tales comparaciones. Naturalmente, también las estable­cemos respecto a otras cosas. La comparación constante con quienes son más listos, más atractivos y obtienen más triunfos que nosotros tiende a alimentar la envidia, la frustración y la infelicidad. Pero también podemos utilizar esta actitud de una forma positiva; es posible in­tensificar nuestra sensación de satisfacción vital paragonándonos con aquellos que son menos afortunados y apreciando lo que poseemos. Los investigadores han llevado a cabo una serie de experimentos que demuestran que el nivel de satisfacción vital se eleva al cambiar simplemente la perspectiva y considerar situaciones peores. Durante un estudio se mostró a mujeres de la Universidad de Wisconsin, en Milwaukee, imágenes de las condiciones de vida extremadamente du­ras reinantes en dicha ciudad a principios de siglo, o se les pidió que imaginaran y escribieran sobre hipotéticas tragedias personales, como resultar quemadas o desfiguradas. Después de esto, se pidió a las mujeres que calificaran la calidad de sus vidas. El ejercicio tuvo como re­sultado un incremento de satisfacción en su juicio. En otro experi­mento, llevado a cabo en la Universidad Estatal de Nueva York en Buffalo, se pidió a los sujetos que completaran la frase «Me siento contento de no ser un...». Tras haber repetido cinco veces este ejercicio, los sujetos experimentaron un claro aumento de su sensación de satisfacción vital. Los investigadores pidieron a otro grupo que com­pletara la frase «Desearía ser...». Esta vez, el experimento dejó a los sujetos más insatisfechos con sus vidas.

Estos experimentos, que muestran que podemos aumentar o dis­minuir nuestra sensación de satisfacción cambiando nuestra perspectiva, indican con claridad el papel de la actitud mental.

El Dalai Lama explica:

.-Aunque es posible alcanzar la felicidad, ésta no es algo simple. Existen muchos niveles. En el budismo, por ejemplo, se hace referen­cia a los cuatro factores de la realización o felicidad: riqueza, satis­facción mundana, espiritualidad e iluminación. Juntos, abarcan la totalidad de las expectativas de felicidad de un individuo. »Dejemos de lado por un momento las más altas aspiraciones reli­giosas o espirituales, como la perfección y la iluminación, y abordemos la alegría y la felicidad tal como las entendemos desde una perspectiva mundana. Dentro de este contexto, hay ciertos elementos clave que contribuyen a la alegría y la felicidad. La buena salud, por ejemplo, se considera un elemento necesario de una vida feliz. Otra fuente de fe­licidad son nuestras posesiones materiales o el grado de riqueza que acumulamos. Y también tener amistades o compañeros. Todos recono­cemos que, para disfrutar de una vida plena, necesitamos de un círculo de amigos con los que podamos relacionamos emocionalmente y en los que podamos confiar.

»Todos estos factores son, de hecho, fuentes de felicidad. Pero para que un individuo pueda utilizarlos plenamente con el propósito de dis­frutar de una vida feliz y realizada, la clave se encuentra en el estado de ánimo. Es lo esencial.

»Si utilizamos de forma positiva nuestras circunstancias favora­bles, como la riqueza o la buena salud, éstas. pueden transformarse en factores que contribuyan a alcanzar .una vida mas feliz. Y, natural­mente, disfrutamos de nuestras posesiones materiales, éxito, etcétera. Pero sin la actitud mental correcta, sin atención a ese factor, esas co­sas tienen muy poco impacto sobre nuestros sentimientos a largo pla­zo. Si, por ejemplo, se abrigan sentimientos de odio o de intensa cóle­ra se quebranta la salud, destruyendo así una de las circunstancias favorables. Cuando uno se siente infeliz o frustrado, el bienestar físi­co no sirve de mucha ayuda. Por otro lado, si se logra mantener un es­tado mental sereno y pacífico, se puede ser una persona feliz aunque se tenga una salud deficiente. Aun teniendo posesiones maravillosas, en un momento intenso de cólera o de odio nos gustaría tirado todo por la borda, romperlo todo. En ese momento, las posesiones no sig­nifican nada. En la actualidad hay sociedades materialmente muy de­sarrolladas en las que mucha gente no se siente feliz. Por debajo de la brillante superficie de opulencia hay una especie de inquietud que conduce a la frustración, a peleas innecesarias, a la dependencia de las drogas o del alcohol y, en el peor de los casos, al suicidio. No existe, pues, garantía alguna de que la riqueza pueda proporcionar, por sí sola, la alegría o la satisfacción que se buscan. Lo mismo cabe decir de los amigos. Desde el punto de vista de la cólera o el odio, hasta el ami­go más íntimo parece glacial y distante.

»Todo esto muestra la tremenda influencia que tiene el estado men­tal sobre nuestra experiencia cotidiana. Por tanto, debemos tomamos ese factor muy seriamente.

»Así pues, dejando aparte la perspectiva de la práctica espiritual, incluso en los términos mundanos del disfrute de la existencia, cuan­to mayor sea el nivel de calma de nuestra mente, tanto mayor será nuestra capacidad para disfrutar de una vida feliz.

El Dalai Lama hizo una pausa para dejar que esa idea se asentara en mi mente, antes de añadir: -Debería señalar que cuando hablamos de un estado mental se­reno, de paz mental: no debiéramos confundido con un estado mental insensible y apático. Tener un estado mental sereno o pacífico no significa. permanecer distanciado o vacío. La paz mental o el estado de serenidad de la mente tiene sus raíces en el afecto y la compasión supone un elevado nivel de sensibilidad y sentimiento.

Luego, a modo de síntesis, concluyó:

-Cuando se carece de la disciplina interna que produce la sereni­dad mental no importan las posesiones o condiciones externas, ya que estas nunca proporcionarán a la persona la sensación de alegría y felicidad que busca. Por otro lado, si se posee esta cualidad interna la serenidad mental y estabilidad interior, es posible tener una vida gozosa, aunque falten las posesiones materiales que uno consideraría normalmente necesarias para alcanzar la felicidad.


Mmm

Enviado por el dom, 20 ene, 2008 a las 4:52 AM
Oscar...


Precisamente anoche me acordaba del Dalai Lama en una carrete en casa de una amiga... Creo que no mucha gente se acuerda de ese magnífico, enorme y denso trozo de sabiduría con quien tenemos la suerte de compartir este lugar de tiempo.
Yo soy Cristiano Católico Apostólico Romano, también Reikista. No soy budista. Ni iluminado más que por la fe que me heredaron mis padres y que yo mismo decidí seguir cuando pude decidir seguir alguna fe. Sin embargo, todo ello no me hace feliz. Nada me hace verdadera y completamente feliz. Coincido con el texto en que, claramente, cuando vemos todo el mal que no tenemos, somos "menos infelices", pero no somos felices en enormidad. Pronto pasa. Tan pronto, o quizás antes, como acostumbrarnos a los 40.000 dólares al año. Para mí, la clave de la felicidad consiste en poder acostarme cada día y pensar en mi muerte. Puede ser paradójico, puede sonar pesimista o fatalista, pero eso es mi felicidad, y lo recomiendo como un excelente ejercicio: En la noche te acuestas y piensas qué pasaría si mañana no despertaras. ¿Cuántas cosas quedaron por hacerse?... ¿Cuántas cosas te arrepientes de haber hecho?... ¿Si tuvieras que rendir cuentas, por cuales temerías?... Entonces, al día siguiente, si es que despiertas, te sientes feliz por tener la posibilidad de determinar tu vida y tus probabilidades de felicidad. Uno toma conciencia verdadera de cuán dueños de nuestras vidas somos. Y la felicidad se convierte en poder decir al acostarnos, sin mentirno: "Hice todo lo que pude, lo mejor que pude. Muero tranquilo".

La felicidad reside en buscarla día a día de la mejor manera posible.

Y, Malú... yo te leo, y quizás me genera un poco de sentimientos encontrados eso de "No soy católica, ni budista, ni nada"... Yo creo que hay algo más grande que nosotros y que se preocupa por nosotros. Si no quieres creer por falta de convencimiento, te regalo entonces una frase de B. Russell, un lógico inglés: "Yo creo en Dios, porque si Dios existe tengo alguna posibilidad de ganarme su gracia; si no existe, no pierdo nada con creer que existe. En cambio, si no creo en Él y existe, puedo perder muchas cosas que ni siquiera sé que tengo".
Y es así.

Creo que me cambié heavy de canal...

Interesante artículo... me gustó

Saludos...

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Shin Yari >> en un momentáneo lapso de razón <<


Oscar

Enviado por el jue, 24 ene, 2008 a las 11:51 AM
Haroldo Miranda

Gracias por tus comentarios. 

Voy a subir un video respecto a la importancia de la fe. Creo que te interesará.

Un abrazo

Haroldo 


Me quedo con...

Enviado por el jue, 17 ene, 2008 a las 4:18 PM
Haroldo Miranda


"igual no hago ni yoga, ni reiki, no leo a Cohelo o Bucay...no soy budista, ni católica, ni nada...simplemento vivo mis emociones auténticamente, con mi propia esencia."

Mantente firme...en la nada..y serás.

 

Un abrazo, y gracias por la visita!!! :)

 

Haroldo 


Ni imaginas

Enviado por el jue, 17 ene, 2008 a las 5:46 PM
Malú

Lo que me cuesta mantenerme firme....o bien imagina a esa chica que caminaba por la cuerda floja con una paraguas y todos en el circo gritaban....oooohhhh, cada vez que ella vacilaba en su caminar. Así voy en cada paso, uno a uno, a veces con más firmeza, a veces con más vértigo. Me he caído cientos de veces y vuelvo a comenzar, aunque a estas alturas de mi vida, ya estoy media cansada. Aunque por otro lado tiene sus cosas positivas, ya que en cada comenzar, me vuelvo a reinventar, cambio el look, el color del paraguas, mi vestido, nuevas zapatillas y adelante...

saludos y de nada, devuelvo tu visita 

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú


Como cuesta

Enviado por el jue, 17 ene, 2008 a las 3:39 PM
Malú

Llegar a ese equilibrio interno y externo, para lograr la felicidad. Lo externo, no me importa, las cosas van y vienen. Podemos vivir sin muchas cosas innecesarias, pero aún así deseamos tener más. Vivimos en una sociedad en la cual, lo material muchas veces prima por lo espiritual, en muchas cosas.

Personalmente, he pasado por estados de felicidad absoluta, quizás no he sabido darles el valor que en el momento tuvieron e intento muchas veces recordarlas, para no olvidar que he sido muy feliz y con nada y con todo a la vez...pero todo de mi, por mi y para mi.

Que complicado, quisiera ser siempre optimista, mas no puedo...soy mujer y últiamente he estado caminando por lugares oscuros, recién hace poco que he podido safarme de mis demonios, de mi propio infierno.

Por eso, es bueno buscar el equilibrio, aunque cueste...igual no hago ni yoga, ni reiki, no leo a Cohelo o Bucay...no soy budista, ni católica, ni nada...simplemento vivo mis emociones auténticamente, con mi propia esencia.

Gracias por el artículo. 

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Lo más importante en la vida, es uno mismo.

Malú







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